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El valor del quetzal, una gota más de especulación al cántaro de la incertidumbre.

Economy

Guatemala es un país de tradición eminentemente liberal. No sólo en su historia sino en sus leyes recogemos las ideas de un sistema en el que la libertad del mercado debe ser entendida como la regla fundamental del juego comercial. Si bien encontramos pasajes complejos donde se habla de justicia social, todo el sistema mercantil y financiero de Guatemala se basa en la idea de la libre competencia y la libertad comercial y de empresa.

Recientemente Guatemala sufre de un mal que pesa sobre todas las áreas de su vida económica, política y social, la incertidumbre. Han quedado atrás los años donde existía cierta certeza del proceder de las cosas, por ejemplo, hoy tenemos incertidumbre sobre la inversión extranjera ya que no existe certeza jurídica que garantice las condiciones mínimas para que una inversión tenga la oportunidad de competir. Hoy, tenemos incertidumbre respecto de si las propias leyes serán las que regirán nuestra vida o serán normas elaboradas fuera del país o si las decisiones judiciales prevalecerán sobre la voluntad del legislador. Y así podría seguir citando ejemplos de las grandes incertidumbres que nos aquejan como país.

Para colmo de males, hoy tenemos una incertidumbre más, ¿cuánto vale realmente nuestro dinero? Si bien esta es una duda universal, hace mucha diferencia saber si nuestra moneda vale tanto en relación al dólar, por ejemplo, o vale tan poco como el bolívar (en el corredor de la muerte ya). Y entiendo, la situación del quetzal no es tan exagerada como la del bolívar, pero ¿podría llegar a serlo?

Haciendo un poco de historia, no muy lejos, y no hace mucho tiempo, un mal manejo en la devaluación de la moneda en México causó el efecto tequila (mejor conocido en el país vecino como el “Error de Diciembre”) Sin ahondar mucho en el tema, el efecto tequila causó una crisis financiera global resultado de la insolvencia que afrontó México al devaluar paulatinamente su moneda como medida protectora frente a la reducción significativa de sus reservas internacionales. De tal cuenta que en pocos días el peso mexicano pasó de valer muy poco a no valer nada. El error requirió de un paquete de emergencia de parte del Congreso de Estados Unidos pues la insolvencia del vecino país tuvo consecuencias globales.

Guatemala, por su parte, no ha estado lejos de dicha situación, recientemente Daniel Fernández publicó una columna en “UFM Market Trends” donde hace referencia a un hecho similar ocurrido en Guatemala en la década que él denomina olvidad, la década de los 80. (https://trends.ufm.edu/articulo/la-bomba-monetaria/) En esta columna describe cómo puede llegar a darse una crisis de liquidez por la insolvencia del gobierno central frente a sus obligaciones con el Banco de Guatemala. Esta columna, en ciertos espacios responde a un comentario realizado por “el Periódico” en el cual sugerían la emisión de nueva moneda para afrontar esta posible crisis.

Indistintamente de ello, no debemos olvidar el papel que juega el banco central en nuestro sistema monetario. Según la Constitución, el Banco de Guatemala es una institución autónoma cuyo fin es velar por el buen mantenimiento de las condiciones cambiarias y crediticias del país así como vigilar la circulación de la moneda y el manejo de la deuda pública. Una de las prohibiciones específicas (y controversiales) que tiene el Banco es financiar la labor de gobierno.

La mención que se hace del Banco responde a una simple y sencilla razón, es el Banco quien tiene a su cargo el mantenimiento del valor del quetzal, y por lo tanto es quien debe hacer las aclaraciones y explicaciones suficientes para justificar el mantenimiento del precio de la moneda o su depreciación.

Adicionalmente, Guatemala es un país donde la negociación de divisas es completamente libre, pues la Ley de Libre Negociación de Divisas permite tenencia y negociación en cualquier moneda extranjera, lo cual en la práctica reviste una ficción legal más pues ¿que comercio recibiría monedas distintas al quetzal, el dólar o el euro? Sin embargo, otro aspecto importantísimo de esta ley es que delega en la Junta Monetaria la obligación de fijar el precio del quetzal conforme a resoluciones que reflejen el comportamiento real del mercado. Y mucho ojo, pues las resoluciones de la Junta Monetaria son susceptibles del recurso de Casación. Aunque de ser honestos, nunca se ha conocido de un recurso de esta naturaleza en contra de una resolución de la Junta Monetaria.

Dentro de la coyuntura cabe mencionar que recientemente el Presidente de la República nombró como Presidente del Banco de Guatemala a quien fungía interinamente esta función, Sergio Recinos. En sus primeras declaraciones como Presidente electo de la institución financiera, Recinos indicó que se compromete a no devaluar la moneda nacional, sin embargo, la tendencia del mercado es la contraria.

El periodista Mario Rosales (@vozdeltuit) indicó en su cuenta el 24 de septiembre lo siguiente: “Ojalá algún diputado cite a las nuevas autoridades del @Banguat . Necesitamos saber si estamos ante una devaluación solapada.” Y no fue nada extraño pues para esa fecha el dólar alcanzó su valor máximo, Q. 7.70 por dólar fue el promedio que reportó el Banco. Es de recordar que a principios de año, el valor estaba en Q. 7.34 por dólar, considerando que estas fechas son momentos de aceleración económica por los gastos de fin de año y los gastos escolares de enero, no se encuentra justificación clara para un incremento del valor en casi Q. 0.35 equivalentes al 4.54% de incremento.

La situación de la moneda en Guatemala cada día pinta menos verde, pues es innegable que existe una desaceleración económica atribuible a muchísimas causas, donde resaltan la falta de certeza jurídica, la baja en los precios de productos tradicionales de importación como el café, el azúcar y el banano, la constante y desgastante coyuntura política, la informalidad en el sector comercial, por mencionar algunas cuantas.

Frente a ellas contamos con nuestras apreciadas fortalezas pues el Quetzal sigue siendo una de las 30 monedas más fuertes del mundo, (¿a qué costo? Indica Daniel Fernández), por otro lado la solidez del sistema bancario privado y el manejo técnico de la moneda por parte de la junta monetaria que en apariencia continuará con la gestión de Sergio Recinos. Pero la incertidumbre ensombrece nuevamente el panorama, pues, hasta cuando dejaremos de apreciarnos de las fortalezas de nuestra moneda y analizar las posibles crisis a las que se puede enfrentar en el futuro, pues pintaría el escenario para una crisis inflacionaria tal y como la de finales de 1,980, cuando el quetzal pasó de valer mucho a valer menos en cuestión de días.

Muchas son las soluciones que se plantean, van desde propuestas legislativas de reactivación económica (auténticas, no proponer la extensión de asuetos, siendo este un verdadero pacto de haraganes) otros pasan por el camino de la devaluación programada (a sabiendas del “Error de diciembre”, ¿será el efecto aguardiente?) y hasta hay quienes hablan de dolarización para “derrocar” al banco central (los abolicionistas de la abolición). Lo cierto es que con los días el precio del dólar sube y no deja de ser el ciudadano el que lo sufre pues ahora debe pagar hasta Q. 7.85 por dólar en ciertos bancos.

Más allá de concluir sobre si la devaluación es el camino para evitar una crisis o no, pues es una medida que beneficia y perjudica a diversos miembros del sector privado, si es necesario exigir a las autoridades bancarias una explicación que diluya la especulación y reduzca una de las tantas incertidumbres que tiene Guatemala.

Juan Manuel Aquino Matus

juanmanuelaquino@gmail.com

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